La Opinión de Castelo

31 de marzo, 2009

ELUCUBRACIONES Y PERIFONEOS.

Carmen Alicia Castelo Rubio

Susana Carreño a estas alturas de la vida ya es una mujer millonaria conforme a las especulaciones exóticas que expanden los voceros del club de la falocracia democrática, hoy tiene en sus manos los buenos millones de pesos en que se cotizó su “in-participación” según la cotización que, el mercado dio a su inmovilidad porque habrá de saber usted, estimado Lector que en ese mundo todo tiene precio: la participación, la no participación, el silencio, la alharaca, la libertad, la privación de las libertad, las firmas para cualquier cosa, la obstaculización a los enemigos, la apertura de puertas a los amigos, las resoluciones, el tortugismo, etc. no siendo nada extraño ese derrotero del pensamiento errático que despega de la tierra y se pierde en los humos de la imaginación, cuando de crear realidades virtuales se trata. Así pues, virtualmente, Susana Carreño de un día para otro paso de ser una simple mortal a una millonaria virtual. Historias que solo en esta tierra surrealista suelen ocurrir.
Lo que sí es un hecho real, rodeado de normatividad virtual, clásica en este puerto de cinco estrellas, es la aplicación del reglamento de comercio que opera según de quien se trate independientemente de los discursos oficialistas sobre el respeto al Estado de Derecho.
Así tiene usted que, conforme al artículo 225 esta prohibido el uso de aparatos de sonido que causen molestias a los vecinos tales como bocinas, altavoces, micrófonos, silbatos, claxon, y demás aparatos fijos o en vehículos para anunciar productos o servicios que provoquen ruidos molestos para anunciar productos o servicios.

Sin embargo, eso no es obstáculo para que se permita el perifoneo en toda la ciudad en vehículos que recorren las calles de cuanta colonia se les antoja anunciando a todo lo que da: ciruelas, camarones, fresas, piñas, gas, agua, ofertas en los centros comerciales, etc., a la hora que sea, en el día que sea.
Si usted habla a la Jefatura de Reglamentos señalando lo anterior, le informarán que efectivamente esta prohibido el perifoneo en la ciudad desconociendo las razones por las que estos comerciantes no acatan los reglamentos.
Pero no hay nada de que preocuparse ya que inmediatamente enviaran a los inspectores de reglamentos a verificar si tienen o no permiso.
 Lo anterior, no es obstáculo para que posteriormente no solo en el mismo día sino en los días, semanas y meses subsiguientes, usted escuche el mismo sonido machacante de los vendedores callejeros ofreciendo sus productos.
Si decide de nueva cuenta reportarlo a la Jefatura de Reglamentos, le repetirán la misma historia que no saben por estas personas no acatan los reglamentos e inmediatamente enviaran inspectores a infraccionarlos y así ad infinitum al grado de que por un momento usted percibirá que se encuentra atrapado en la trama del cuento del gallo pelón, o en una historia totalmente kafkiana o simplemente viviendo dentro de un disco rallado.
El perifoneo esta tan de moda que usted lo puede escuchar hasta en las alturas, en avioncillos que desde el cielo anuncian cualquier cosa, faltando solamente que también salgan anuncios de las alcantarillas, práctica que igualmente utilizan los políticos para decir que ya llegaron, que están de campaña y vienen con todo un rosario de promesas o bien cualquier negociación tipo corporativa para anunciar sus promociones con música por encima del volumen permitido por los índices reglamentarios.
Tal experiencia no incluye la música estridente de los vehículos que circulan por todas las calles al particular gusto de cada automovilista o bien los bares y discos que no tienen amortiguadores del ruido y que cada noche impiden dormir bien a sus vecinos.
Lo importante es que usted, a pesar de todo este desorden auditivo, sepa que en esta ciudad se viven dentro de un estricto respecto del Estado de Derecho, el alcalde así lo asegura, los funcionarios así lo aplauden mientras que los ciudadanos saben que en esta tierra de nadie sí se puede hacer silbar y comer pinole al mismo tiempo.

Los discursos que ensalzan el estado de derecho son, por supuesto, realidades virtuales que sirven de pantalla para cubrir la real realidad: que aquí en PV, si hay dinero, cada quien termina haciendo lo que se les pega la gana, simple y sencillamente porque todo es mercancía.





 

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