No son pocas las personas que con frecuencia me han expresado su solidaridad en esta difÃcil tarea de educar e intentar crear un poco de conciencia entre la población de Puerto Vallarta. Y es que, sinceramente, el hecho de que la gente vaya a la Universidad no es garantÃa de que por ello tendrá una plena conciencia de su realidad o del papel que juega en la sociedad.
Por eso, mi tarea, aparte de dirigir la institución educativa más importante de la región, ha sido la de opinar sobre todos aquellos temas que tienen que ver con la polÃtica, los estilos de gobierno, el desarrollo económico y las condiciones de vida de los vallartenses.
Pero como Usted se habrá dado cuenta, en Puerto Vallarta, nadie puede opinar distinto, ni disentir o ir en contra del status quo, a riesgo de ser denostado, agredido, amenazado, ridiculizado, calumniado o hasta difamado laboral, personal o familiarmente.
Por eso entiendo la pasividad y el temor de mucha gente, de muchos honorables ciudadanos que, como Usted, prefieren mantenerse en silencio o en el anonimato para no ser vÃctimas del terrorismo mediático que se vive en Puerto Vallarta.
Comprendo perfectamente lo que es ser vÃctima de los medios informativos, pero también entiendo que es parte del control polÃtico que ejercen los cacicazgos locales; cacicazgos que se han enquistado en el poder para lucrar con los privilegios, la impunidad y la corrupción gubernamental.
Entiendo que no es nada fácil enfrentarse a una estructura polÃtica autocrática, que cuenta con el erario público o las cuotas sindicales para contratar programas de radio, periódicos, columnistas, caricaturistas y todo aquello que permita, a quienes han gobernado mal, preservar indefinidamente el poder. Por eso, celebro que gente como Aurelio RodrÃguez Garza, del Meridiano y Gerardo Sandoval y Jorge Olmos, de El Guardián, se hayan atrevido a desafiar a estos poderes fácticos, a quienes gobiernan y a quienes han detentado el poder local en los últimos años.
Por eso le digo, no se deje intimidar, no se abstenga de opinar, de ir a votar por el proyecto que mejor le convenga; por el proyecto que mejor le convenga a Puerto Vallarta, no a quienes mantienen el control polÃtico en nuestra localidad.
No se deje gobernar por una minorÃa que apenas representa el 35% de los electores y que, lamentablemente, se compone de una gran masa que no razona su voto, que se deja convencer con la retórica de un discurso, una torta, una cachucha, un vaso; o que se intimida ante la amenaza de que le retirarán alguna prestación social a la que tiene derecho.
No alimentes el “voto blanco”, no te abstengas de votar; tu voto es muy útil para garantizar el desarrollo de la democracia, la alternancia o la alternativa.
Esta guerra de medios no refleja sino el temor al avance de la democracia, al temor de que los sectores medios, las élites ilustradas, la gente consciente sean ahora quienes decidan el rumbo de la polÃtica nacional o local.
Decide tú mismo en qué paÃs quieres vivir, qué ciudad quieres para tus hijos, que futuro económico quieres construir y cómo puedes transformar tu realidad.
No te dejes intimidar, no te dejes engañar; sopesa la calidad moral de los discursos y de las personas.
Identifica la diferencia entre el terrorismo mediático y la agresión personalizada frente a los planteamientos orientados a defender los derechos sociales, el respeto a la legalidad, el respeto al medio ambiente y el respeto a disentir. Ejerce tu derecho a votar por el proyecto polÃtico de tu elección sin temor a ser objeto del escarnio, la ridiculización o la intimidación mediática.
Javier Orozco Alvarado
Rector del Centro Universitario de la Costa
MaestrÃa en Estudios Rurales, Doctor en EconomÃa Internacional y miembro del SNI
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