Por Víctor Espíndola *
A tres semanas de la jornada electoral, los partidos políticos tradicionales en Puerto Vallarta se han acusado unos a otros de iniciar la “guerra sucia”. En este momento, lo importante no es saber quién la inició, sino señalar que las consecuencias de un enfrentamiento de esta naturaleza serán el incremento del hartazgo ciudadano hacia los partidos -más todavía- y la disminución de la credibilidad de los políticos.
De por sí, el abstencionismo para el próximo 5 de julio será el más elevado en la historia en comparación con los procesos electorales intermedios anteriores, por lo que, de seguir con las descalificaciones, los golpes bajos y los insultos político-partidistas, el interés de la ciudadanía por salir a votar seguirá cayendo a niveles insospechados.
Si nuestro sistema electoral contemplara la anulación de elecciones después de una escasa participación ciudadana, el abstencionismo tendría sentido; sería un acto de castigo hacia la clase política; pero ya lo dijo el consejero presidente del IFE: así obtenga un solo voto, el candidato ganador llegará a ocupar el puesto por el que compite. Por lo que es menester de los partidos y los políticos elevar el nivel de la contienda.
Para nadie es un secreto que de acuerdo con los estudios de opinión sobre la confianza en las instituciones en México, los partidos políticos obtienen la peor calificación, incluso por debajo de los sindicatos y muy alejados de las universidades, de la Iglesia o del Ejército. Pero ajenos a esta realidad, los políticos de siempre, en su búsqueda del poder, siguen comportándose de forma inapropiada. No es con la “guerra sucia” como se obtienen votos, pues sólo se trata de un espectáculo morboso que exacerba los antivalores de la democracia; sino a través de las propuestas y de planteamientos inteligentes como se consigue el apoyo de la gente.
Típicamente, una “guerra sucia” en las campañas político-electorales la inicia el contendiente que está abajo en las preferencias electorales, para capturar la atención mediática y eventualmente “distinguirse” de aquellos a los que acusan. Pero olvidan los pregoneros del lodo, que en el espacio público también existe el efecto búmeran, y que en la medida en que sean sorprendidos en su desaseada estrategia, obtendrán menos votos en las urnas.
Históricamente, quienes han apelado a las tácticas de la difamación, del rumor y el escándalo, son las extremas derechas y/o izquierdas del espectro político. Y aunque haya quienes nieguen la existencia de ideologías, es perfectamente clara cuál es la ubicación de los partidos: con repetidas demostraciones, el Partido Acción Nacional (PAN) pertenece al sector conservador o reaccionario, y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y sus aliados, a la izquierda intolerante y violenta. Son en estos partidos políticos donde más recientemente hemos visto a los mejores ejemplares de los sucios guerrilleros.
Aún es tiempo de actuar diferente. Al país la hace falta una partido progresista, una clase política de auténtica extracción ciudadana, cuyos principios sean la justicia social y las libertades humanas. Sirva la ocasión para decir alto a la “guerra sucia”, porque la violencia genera más violencia, pero también un llamado para no abstenerse de votar y mucho menos anular el sufragio. Vota libre el próximo 5 de julio.
* Candidato a Diputado Federal en el distrito 5 de Jalisco por el Partido Socialdemócrata (PSD).
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