Los errores del pasado

5 de septiembre, 2009

Hoy el país enfrenta una de las crisis económicas más severas de su historia, no sólo porque nuestro Producto Interno Bruto (PIB) ha decrecido en más de un diez por ciento, sino porque este año siguieron cayendo los ingresos de los migrante en más de un 18%, respecto al año anterior. Junto con estos problemas, ahora enfrentamos un desempleo de más del 6% y una reducción del gasto en educación de más de siete mil millones de pesos; situación que pone en serios problemas el futuro de todos los mexicanos y, en particular, el de nuestra juventud.
Con preocupación, seguimos viendo las consecuencias de la irresponsabilidad de quienes instrumentaron la aventura neoliberal; la aventura de abandonar el mercado interno para favorecer la apertura comercial indiscriminada en contra de nuestros productores; la aventura de liberalizar el sector financiero, de desincorporar y vender las empresas públicas y de hacernos creer que entraríamos por la puerta grande al primer mundo.
Y es que para hacer creer a los mexicanos y al resto del mundo que ya estábamos preparados para jugar en las grandes ligas, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, la OCDE capítulo México, presentó en 1992 un informe en el que se decía que nuestro país había alcanzado un nivel de desarrollo próximo a la media de los países más industrializados.
México fue presentado ante la comunidad económica y financiera internacional como un país que había pasado de ser una economía predominantemente rural a una importante nación comercial. Una economía en la que el ingreso per cápita era del mismo orden que el de los países de menor ingreso de la OCDE; en la que el PIB de la industria manufacturera era en promedio similar a la de los miembros de ese club, inclusive, con una productividad superior en México cercana al 1% respecto a los 24 países ricos de ese organismo.
Se decía también, que la razón de la deuda pública/PIB de México se encontraba por debajo del promedio de los países OCDE, que la participación del gasto del gobierno en proporción al PIB era inferior a la de cada uno de los países de ese organismo y que el crecimiento del país era desde 1989 comparable con el de los países miembros de mayor crecimiento.
Es verdad que el país había venido creciendo desde entonces a una tasa del 3%, pero muy por debajo de la tasa del 6.1% que había crecido la economía en el largo periodo de 1934-1982, antes de los gobiernos neoliberales.
La realidad es que durante el salinismo, la economía, más que mejorar había empeorado; pues durante el periodo 1989-1994 el PIB por habitante sólo fue de 0.8 % y el magro crecimiento del PIB se logró a base del endeudamiento externo, pues para 1990 México había emitido el 95% del total de los bonos de la deuda de toda la América Latina.
Seguramente, muchos de mi generación recordarán que durante todo el sexenio salinista se difundió interna y externamente que el país había logrado un significativo crecimiento del PIB, el saneamiento de las finanzas públicas, el control de la inflación y la repatriación de capitales, etcétera, etc.
Si bien es cierto que se alcanzaron algunos de estos logros, ello fue con un costo social altísimo y con el sometimiento de la economía nacional a una situación de alta vulnerabilidad como la que ahora estamos padeciendo.
El que México fuera presentado ante la opinión pública nacional e internacional como una nación que había alcanzado un nivel de desarrollo próximo a la media de los países industrializados, lo dejó fuera de cualquier exigencia de tener un trato preferencial a la hora de firmar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Los errores cometidos por el salinismo dejaron a nuestro país fuera de toda posibilidad de exigir un fondo de cohesión social, un fondo de compensación estructural o algo similar a lo que fue la PAC (Política Agraria Común) en Europa, para compensar nuestras enormes asimetrías.
Hoy, por los engaños, por la falta de cálculo, o por la perversidad del impulsor del TLC, somos los últimos en la lista de los países de la OCDE, no sólo en el desempeño económico, sino también en relación con los niveles educativos de los países de ese organismo, del cual aun formamos parte. Hoy estamos pagando las consecuencias de los errores del pasado.
Javier Orozco Alvarado
Rector del Centro Universitario de la Costa
Doctor en Economía Internacional
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores





 

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