Hoy el paÃs enfrenta una de las crisis económicas más severas de su historia, no sólo porque nuestro Producto Interno Bruto (PIB) ha decrecido en más de un diez por ciento, sino porque este año siguieron cayendo los ingresos de los migrante en más de un 18%, respecto al año anterior. Junto con estos problemas, ahora enfrentamos un desempleo de más del 6% y una reducción del gasto en educación de más de siete mil millones de pesos; situación que pone en serios problemas el futuro de todos los mexicanos y, en particular, el de nuestra juventud.
Con preocupación, seguimos viendo las consecuencias de la irresponsabilidad de quienes instrumentaron la aventura neoliberal; la aventura de abandonar el mercado interno para favorecer la apertura comercial indiscriminada en contra de nuestros productores; la aventura de liberalizar el sector financiero, de desincorporar y vender las empresas públicas y de hacernos creer que entrarÃamos por la puerta grande al primer mundo.
Y es que para hacer creer a los mexicanos y al resto del mundo que ya estábamos preparados para jugar en las grandes ligas, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, la OCDE capÃtulo México, presentó en 1992 un informe en el que se decÃa que nuestro paÃs habÃa alcanzado un nivel de desarrollo próximo a la media de los paÃses más industrializados.
México fue presentado ante la comunidad económica y financiera internacional como un paÃs que habÃa pasado de ser una economÃa predominantemente rural a una importante nación comercial. Una economÃa en la que el ingreso per cápita era del mismo orden que el de los paÃses de menor ingreso de la OCDE; en la que el PIB de la industria manufacturera era en promedio similar a la de los miembros de ese club, inclusive, con una productividad superior en México cercana al 1% respecto a los 24 paÃses ricos de ese organismo.
Se decÃa también, que la razón de la deuda pública/PIB de México se encontraba por debajo del promedio de los paÃses OCDE, que la participación del gasto del gobierno en proporción al PIB era inferior a la de cada uno de los paÃses de ese organismo y que el crecimiento del paÃs era desde 1989 comparable con el de los paÃses miembros de mayor crecimiento.
Es verdad que el paÃs habÃa venido creciendo desde entonces a una tasa del 3%, pero muy por debajo de la tasa del 6.1% que habÃa crecido la economÃa en el largo periodo de 1934-1982, antes de los gobiernos neoliberales.
La realidad es que durante el salinismo, la economÃa, más que mejorar habÃa empeorado; pues durante el periodo 1989-1994 el PIB por habitante sólo fue de 0.8 % y el magro crecimiento del PIB se logró a base del endeudamiento externo, pues para 1990 México habÃa emitido el 95% del total de los bonos de la deuda de toda la América Latina.
Seguramente, muchos de mi generación recordarán que durante todo el sexenio salinista se difundió interna y externamente que el paÃs habÃa logrado un significativo crecimiento del PIB, el saneamiento de las finanzas públicas, el control de la inflación y la repatriación de capitales, etcétera, etc.
Si bien es cierto que se alcanzaron algunos de estos logros, ello fue con un costo social altÃsimo y con el sometimiento de la economÃa nacional a una situación de alta vulnerabilidad como la que ahora estamos padeciendo.
El que México fuera presentado ante la opinión pública nacional e internacional como una nación que habÃa alcanzado un nivel de desarrollo próximo a la media de los paÃses industrializados, lo dejó fuera de cualquier exigencia de tener un trato preferencial a la hora de firmar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Los errores cometidos por el salinismo dejaron a nuestro paÃs fuera de toda posibilidad de exigir un fondo de cohesión social, un fondo de compensación estructural o algo similar a lo que fue la PAC (PolÃtica Agraria Común) en Europa, para compensar nuestras enormes asimetrÃas.
Hoy, por los engaños, por la falta de cálculo, o por la perversidad del impulsor del TLC, somos los últimos en la lista de los paÃses de la OCDE, no sólo en el desempeño económico, sino también en relación con los niveles educativos de los paÃses de ese organismo, del cual aun formamos parte. Hoy estamos pagando las consecuencias de los errores del pasado.
Javier Orozco Alvarado
Rector del Centro Universitario de la Costa
Doctor en EconomÃa Internacional
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
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