Hace unos días acabamos de ver la consumación de un proceso que, desde finales de los años de 1980, se ha venido imponiendo en todas las esferas de la vida económica de nuestro país. Y es que con el cierre de las Secretarías de Turismo, Reforma Agraria y de la Función Pública, el gobierno mantiene su disciplina de aplicar a rajatabla el recetario del modelo neoliberal impulsado por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari.
De hecho, si mal no recuerdo, durante el mandato del innombrable, se había hecho el intento de desaparecer la Secretaría de la Reforma Agraria; iniciativa que no fructificó en ese entonces, pero que ahora, con su magistral reaparición en la escena política nacional se habrán de lograr muchas de las iniciativas que quedaron pendientes durante su mandato.
Tal es la realidad que, precisamente, desde que inició su gobierno, se comenzaron a retirar los apoyos al campo y a los programas de desarrollo turístico nacional, dejando en el abandono a dos de los más importantes sectores que le habían permitido a nuestro país cierta prosperidad económica durante las décadas de 1960 y 1970.
Hoy vemos con preocupación que las perversidades de Carlos Salinas se siguen imponiendo en la economía nacional, por la incapacidad del Presidente Felipe Calderón, de proponer otras alternativas que le permitan a nuestro país salir de la profunda crisis económica a la que nos ha conducido este “genial modelo de desarrollo” que nos heredaron los gobiernos priistas.
Pero, a decir verdad, lo más grave está por venir; sobre todo si tomamos en cuenta que con el cierre de la Secretaría de Turismo, el gobierno se está deslindando de la responsabilidad de planear, dirigir y a poyar el desarrollo de este sector. Las evidencias así lo demuestran, pues para nadie es desconocido que, por ejemplo, destinos como Puerto Vallarta tuvieron su mayor florecimiento, en infraestructura, equipamiento y construcciones hoteleras, entre 1965 y 1985; a partir de ahí, pero sobre todo durante el gobierno salinista (1989-1994), los gobiernos estatales y federales dejaron a este puerto en el total abandono.
Hoy estamos viendo morir lentamente a la gallina de los huevos de oro; estamos viendo cómo un destino con tanto potencial, como es Puerto Vallarta, está de frente a un futuro incierto. Sobre todo porque no se aprecian en el horizonte nuevas inversiones hoteleras, en infraestructura carretera o en proyectos de desarrollo turístico de largo alcance; no se aprecia ni el interés ni la estructuración de políticas federales o estatales de fomento o financiación del desarrollo turístico.
Sin más, se cierra la Secretaría de Turismo sin la presentación de una propuesta alternativa o sustitutiva para atender un sector de tan vital importancia para la economía nacional; un sector que ha sido una de las principales fuentes de divisas para nuestro país, después del petróleo.
Es más, un sector que ha sido en otros países el detonante de toda la actividad económica, como en España, Cuba o Brasil; un sector que sigue siendo uno de los más importantes en economías como Estados Unidos o Francia, que siendo grandes potencias industriales, atienden religiosamente las necesidades de este sector.
En la mayoría de los países exitosos del mundo, el turismo sigue siendo la locomotora de la actividad económica, es el sector que más aporta a la generación de empleos, a la recuperación del patrimonio artístico, arqueológico y cultural; pero sobre todo, es el sector que muestra al resto del mundo la propia identidad.
Por todo eso, es que no entiendo por qué, en el afán de ahorrar recursos para mantener un equilibrio fiscal del 0.5%, se tenga que cerrar una Secretaría y poner en riesgo a un sector que ha sido importante fuente de riqueza a nivel nacional. En fin, vaya usted a saber lo que nos espera para los próximos años con esta absurda disciplina neoliberal.
Javier Orozco Alvarado
Rector del Centro Universitario de la Costa
Doctor en Economía Internacional
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
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