Ya Declaró Ante PGJ Homicida de Taxista

* Para la PGJ aún hay cabos sueltos en este homicidio a balazos

La Procuraduría General de Justicia del Estado, ya logró saber como sucedieron los hechos en donde murió el taxista José Eladio Mendoza Martínez, en manos de un sujeto originario de Culiacán, Sinaloa, quien actualmente se encuentra preso en el penal de Ixtapa, a disposición del juez primero de lo penal.
El tipo ya declaró cómo sucedieron los hechos y de esta manera el agente del Ministerio Público armó el rompecabezas que estaba en desorden.
Se logró saber que los taxistas, un cholo y una mujer, provocaron el crimen de José Eladio Mendoza Martínez, toda vez que entre todos quisieron despojar del dinero que manifestaba traer el sinaloense en su poder, lo que ocasionó en una pelea que terminó en tragedia.
Ahora el detenido argumentó que uno de los taxistas que fueron detenidos, se quedó con una pistola calibre 45, la cual le iba a entregar a sus patrones, quienes venían procedentes de Culiacán, Sinaloa, para ver lo de un “jale” sin especificar de que asunto, ya que él solo los iba a esperar para darles las armas que apenas poco antes acababa de recoger.
Se informó que Juan Rodríguez Peralta, de 36 años de edad, originario de Culiacán, Sinaloa, explicó que él trabaja por allá en su tierra en unos ranchos y que se vino de vacaciones a esta ciudad en compañía de su mujer.
Que aquí anduvieron y él se fue de antro, lo que ocasionó que su esposa se enojara, hiciera maletas y se regresara a Culiacán, en tanto que él se fue a dar la vuelta de nuevo.
Explicó que recibió una llamada de uno de sus jefes, quien le dijo que una persona le iba a entregar unos paquetes, que se los guardara hasta que él pasara por ellos, por lo que al andar en el malecón fue abordado por una persona que andaba en Stratus.
Dijo que a esta persona no la conocía, pero que le entregó dos pistolas, manifestándole “ten, esto es para aquellos”, por lo que él las envolvió y las echó en una bolsa.
Luego se puso a esperar a que sus patrones pasaran por las armas, las cuales traía en la bolsa, cuando se le acercó un taxista gordito, quien le comenzó a hacer algunas preguntas hasta que finalmente decidieron ir a dar una vuelta.
Reconoce el detenido que comenzó a mentirle al taxista diciéndole que en una de las bolsas traía 200 mil pesos y en la otra 300 mil, solo para cotorrear ya que en Sinaloa sí había dinero, al tiempo que le enseñaba un poco el fajo de billetes que traía en la bolsa de su pantalón.
Notó la avaricia del taxista, quien le argumentó que no se preocupara por nada que él lo iba a mover para donde quisiera, fue entonces que él trató de bajarse pero que el taxista le insistió que no se bajara, que siguiera con él hasta que hiciera el movimiento que tenía que hacer que él lo esperaba.
Luego, que el taxista le dijo que él sabía que los de Sinaloa eran muy esplendidos, que si él no se iba a mochar con nada, como lo es con algunos tragos o con algunas viejas, que al fin de cuentas él las podía contactar.
Argumentó el detenido que estaba bien, que sonaba bien la idea de divertirse un rato, por lo que llegaron a un lugar a donde estaban otros taxistas, pensando que era un sitio, a quienes saludaron y luego se subieron al hotel, en donde él pagó una habitación.
Le dijo el taxista que ahí se esperara, que iba a llegar una chava a su cuarto, en tanto que ellos estarían en otros cuartos.
Recordó que llegó una mujer la cual le dijo que ella estaría con él, luego le dijo que se quitara la ropa, pero éste mostró desconfianza, fue en esos momentos en que entró un sujeto pelón, de aspecto cholo, el cual se le fue encima, por lo que él agarró la pistola calibre 45 que traía en la bolsa y en el forcejeo se le fueron dos balazos, los cuales se pegó en los pies.
Aún así, logró evitar que tanto la prostituta como el sujeto se asustaran y salieran corriendo, por lo que él se fue hacia el estacionamiento, en donde se le acercó el taxista que momentos antes lo había llevado al lugar, pero que él lo amagó con el arma diciéndole que se retirara.
Enseguida se subió al taxi del ahora occiso, es decir, al número 806 del sitio 1, en donde iba José Eladio Mendoza Martínez, pero como ya se sentía lesionado, al momento de subirse, dice que el otro taxista, en este caso el que lo había llevado al lugar, a quien describe como gordito medio pelón, le cerró la puerta y le aplastó el brazo, lo que ocasionó que soltara la pistola calibre 45 y se le cayera, agarrándola el taxista.
Dice recordar que traía otra pistola en la bolsa, en este caso la .380, con la cual amagó al conductor del taxi y le dijo que lo sacara del lugar, por lo que se fue zigzagueando hasta que llegó el momento en que le dijo el taxista que ya le bajara, que se le hacía que era puro hocicón y que no se iba a animar a hacerle nada, que mejor lo iba a llevar a donde él quisiera.
Fue en esos momentos que tomaron la avenida Politécnico Nacional en donde comenzaron a forcejear con el arma, por lo que el detenido se acordó que cuando le agarran la pistola esta no dispara y en la primera oportunidad que tuvo comenzó a dispararle, hasta que se estrellaron con el árbol.
Argumentó que fue cuando se bajó y trató de darse a la fuga amagando a algunas personas, pero tiró el arma y siguió huyendo hasta que finalmente lo atraparon, para eso le dio un mil pesos al agente de seguridad del Cornerstone, para que lo ayudara a entrar al hospital, pero en esos momentos llegaron elementos de la Policía Municipal y lo detuvieron.
Que unos elementos de la Policía Municipal le quitaron el dinero que momentos antes intentaron quitarle los taxistas y que fue lo que ocasionó la tragedia y hasta el momento no sabe si le fueron recogidos o robados por la Policía Municipal.
El detenido fue llevado a las instalaciones del Ceinjure de Puerto Vallarta, en donde quedó a disposición del juez primero de lo penal, informándose que le fueron salvados los dos dedos, aunque sigue lastimado del empeine del pie derecho, pues la bala se lo atravesó.
Por otra parte, la Procuraduría General de Justicia del Estado, argumentó que sigue con las investigaciones correspondientes, toda vez que en el hotel El Túnel no fueron encontrados cascajos ni ojivas.
Sin embargo, no se explican el hecho de que si los disparos con la pistola calibre 45 fueron ocasionados fuera del taxi, qué hacían dos casquillos de este calibre y una bala dentro del taxi, cuando el mismo detenido declara que la pistola fue accionada en la habitación y que antes de subirse al taxi fue despojado de ésta.
Asimismo, fue encontrado un tercer cascajo también calibre .45, a una cuadra de donde quedó muerto el taxista, lo que hace pensar a los agentes que el arma no quedó en donde el detenido dijo haberla dejado.